ROLLS-ROYCE PHANTOM II. CARROZADO POR "FIOL" (1930)
ROLLS-ROYCE PHANTOM II. CARROZADO POR «FIOL» (1930)
  • EN ESTA OCASIÓN PRESENTAMOS UN ESPLÉNDIDO EJEMPLAR DE ROLLS-ROYCE, MODELO PHANTOM II
  • CARROZADO POR FIOL ROCA, CON RETOQUES DE CARROCERÍAS CAPELLA, FUE OBJETO DE VARIAS INTERVENCIONES QUE LE HICIERON RECUPERAR SU BUEN ESTADO DE FORMA MECÁNICA Y LA ORIGINALIDAD A SU CARROCERÍA COUPÉ DE VILLE

Valencia, 26.8.2025.- En 1970 un aficionado valenciano recuperó del olvido un Rolls Royce que había permanecido en manos de su propietario en Palma de Mallorca desde 1930. Poco después de llevárselo a Valencia, donde había empezado a restaurarlo, fue descubierto por su propietario actual, quien, tras completar su restauración lo ha convertido en uno de los mejores ejemplares existentes en España. No en vano triunfó en el «Rally Barcelona Moscú» celebrado en 1989.

Un Rolls Royce en Palma de Mallorca

Durante la década de 1920 residió en Palma de Mallorca Don Jaime Espona, empresario dedicado, entre otras muchas cosas, a la producción de energía eléctrica y a la fabricación de calzado. Cuando la década llegaba a su fin Don Jaime decidió adquirir un automóvil: buscaba un vehículo amplio y robusto, capaz de trasladarle en los viajes que tuviera que realizar por motivos profesionales y de llevarle con la máxima comodidad y distinción durante sus desplazamientos familiares.

Después de estudiar la oferta de vehículos disponibles, Don Jaime decidió adquirir un chasis Rolls Royce. Hasta el año 1926 la marca había matriculado en Palma cuatro unidades, entre cuyos propietarios figuraban personajes tales como el financiero Juan March o el pintor greco-egipcio Juan de Saridakis. El modelo escogido fue el Phantom II, pues con su potente motor de seis cilindros, su sofisticado sistema de frenos (fabricado bajo patente Hispano-Suiza) y la extraordinaria calidad de construcción se ajustaba a las exigencias impuestas por Don Jaime. De las dos longitudes de chasis ofertadas escogió la versión de batalla larga para poder instalar una carrocería acorde a sus necesidades de espacio. También decidió encargar el carrozado a alguno de los afamados carroceros ubicados en Barcelona.

El 19 de noviembre de 1929 realizó el pedido de su chasis, por un importe de 1.850 libras esterlinas, que fue confirmado el 26 de noviembre. En diciembre se iniciaron los diseños, siéndole asignado el chasis número 92GN, con el motor número LW25. En enero de 1930 comenzó a fabricarse el chasis; durante el mes de marzo se instalaron y probaron las ballestas en el chasis y se efectuaron las pruebas de potencia del motor; durante abril se realizaron los últimos trabajos en el chasis para ser enviado, posteriormente, al almacén central de Rolls Royce en Londres donde fue embarcado con destino a Barcelona. La agencia de Rolls Royce en Barcelona lo entregó a Don Jaime el16 de abril de 1930. Según los archivos de la DGT recibió su matrícula de Barcelona el 23/03/1946. Rolls Royce fabricó este modelo desde septiembre de 1929 hasta diciembre de 1936. El número de chasis producidos fue de 1545, de los cuales 203 correspondían a la Serie GN. En España se matricularon 38 unidades, siendo el mercado de exportación más importante para la firma inglesa, por detrás de Estados Unidos y Francia.

El completo equipamiento del chasis reflejaba la categoría del vehículo, pues contaba entre otros accesorios con cinco neumáticos «Dunlop», soportes para las ruedas de recambio, fundas de piel para proteger de suciedad las ballestas «Wefco», caja de herramientas y repuestos de emergencia, batería «Exide «, instrumentación muy completa (dotada de indicador eléctrico del nivel de combustible, reloj, velocímetro «AT», termómetro de la temperatura del agua, manómetro de presión del aceite, indicador de carga de la batería), soporte para el baúl y faros de alto alcance «Lucas «.

Don Jaime encargó el carrozado del chasis a «Baltasar Fiol», uno de los carroceros más afamados de Barcelona en razón, principalmente, de sus soberbias creaciones sobre chasis Hispano-Suiza. Este es uno de los escasos ejemplares carrozados por este carrocero, hecho que le proporciona un indudable valor histórico. Del amplio catálogo de carrocerías disponible para este tipo de chasis, Don Jaime escogió una magnífica limusina «Coupé de Ville», de cuatro puertas y cuatro ventanillas, con capacidad para siete pasajeros. Su equipamiento era muy completo, tal y como se esperaba de un carrocero de esta categoría:

En el exterior, el techo practicable del compartimento delantero y la capota de la carrocería estaban hechas de piel de bisonte. Para proteger los faros de los posibles impactos de guijarros se confeccionaron unas fundas de piel a medida. También las dos ruedas de recambio, colocadas cada una en una aleta, disponían de su funda de piel. Finalmente, para llevar el equipaje se encargó un amplio baúl. En el interior del vehículo el salpicadero, las puertas y el mueble bar estaban decoradas con madera noble. Los asientos delanteros y las puertas delanteras estaban tapizadas con la más fina piel. Para separar el compartimento delantero del trasero se dispuso una mampara de cristal abatible. El compartimento trasero disponía de un mueble bar con guanteras, dos asientos trasportines, y dos espejos de cortesía colocados a ambos lados del sofá trasero. Éste, los asientos trasportines y los demás guarnecidos estaban tapizados con terciopelo.

Esplendor recobrado

Don Jaime utilizó el coche durante toda su vida, tanto para atender sus compromisos sociales y familiares como para transportar cargas, cuando las circunstancias así lo exigieran. Después de muchos años de uso (que habían dejado huella en su estado de conservación, especialmente en la carrocería) el coche fue localizado, a principios de los años setenta, por Don Ramón Gallardo. Este coleccionista valenciano de automóviles antiguos se desplazó a Palma de Mallorca acompañado de unos amigos para negociar con el apoderado de Don Jaime la venta del automóvil, llegando finalmente a un acuerdo para adquirirlo.

Una vez el coche llegó a Valencia, se descubrió que la mecánica estaba completa y su estado mecánico era el original; asimismo, se comprobó que la carrocería había sido objeto de pequeñas modificaciones por parte del carrocero «Capella», en particular las aletas, tal vez para actualizar su estilo según pasaban las modas. Testimonio de dichos trabajos son las placas que aún conserva el vehículo del citado taller. Don Ramón, viendo el estado de deterioro de la carrocería, decidió sanearla, y encargó este trabajo a un carrocero de gran prestigio en Valencia, «Carrocerías Verdú», hoy desaparecido. Entre 1974 y 1975 también se pintó el coche con sus colores originales utilizando la técnica al Duco, con el cuerpo de la carrocería en color marrón tabaco y con las aletas y las llantas en color negro. Estos trabajos fueron realizados por el prestigioso “Talleres Vicente Roig”.  También se restauraron los guarnecidos interiores, tarea encomendada al afamado tapicero Don Antonio Llop: con piel negra se tapizó el compartimento delantero incluyendo el guarnecido de las puertas, que albergan unas prácticas bolsas portadocumentos. El compartimento trasero se tapizó con terciopelo de color miel, al igual que los dos asientos transportines plegables. La capota, forrada de piel de bisonte, conserva su color negro.

Poco tiempo después, un conocido coleccionista y entusiasta de automóviles clásicos vio el Rolls mientras se procedía al saneamiento antes mencionado. Puede que leyera el anuncio publicado en La Vanguardia en una edición del año 1985 en la que se leía: “Rolls-Royce Phantom II de Ville, particular vende. Del año 30, matrícula Barcelona, perfecto estado, restauración completísima”. Tal fue su impresión que intentó y logró llegar a un acuerdo con Don Ramón Gallardo para adquirirle el coche. Así, el 30/12/1985, según los archivos de la DGT, nuestro Phantom II cambió de dueño por segunda vez ¡después de 50 años!

Tras haber revisado con detenimiento su adquisición, el nuevo propietario se dio cuenta de que era necesario restaurar a fondo la mecánica del coche: el motor estaba en bastante buen estado, pero debido a su uso prolongado necesitaba un repaso general. También era necesario revisar y poner a punto los frenos, el embrague y la transmisión. Antes de empezar los trabajos mecánicos se documentó bien sobre la mecánica del vehículo, para lo que adquirió el libro de despiece del coche y el manual del propietario. Una vez reunida la información técnica precisa, se emprendieron los trabajos en la mecánica, siendo el encargado de realizarlos el prestigioso mecánico de coches antiguos Don José Hueso. Durante los años 1986 y 1987 su propietario debió viajar con frecuencia a Inglaterra para adquirir los recambios precisos; me explicaba que al hacerlo, no pudo ocultar la emoción que le producía adquirir unos recambios que durante más de 50 años habían permanecido olvidados, esperando la ocasión de ser usados. Como resultado de este laborioso trabajo la mecánica recuperó su estado original. Los trabajos de mecánica fueron realizados en Talles Escriche durante 1986 y 1987, momento en el cual conocí este vehículo.

En 1994 la carrocería fue sometida a trabajos de saneamiento y ligeras reformas, dirigidos a recuperar su estado original. El taller de plancha y pintura, hoy desaparecido, “Talleres López” sito en Valencia fue el encargado de la realización de dichos trabajos. . Después de estos trabajos el coche ha quedado en el magnífico estado en el que hoy se encuentra. En este taller pude conocer a los que habían sido los anteriores propietarios de este extraordinario vehículo así como a los profesionales que habían participado en su restauración, los cuales me abrieron la puerta para conocer a su actual propietario.

El «I Rally Barcelona-Moscú»

Durante varias entrevistas que mantuve con el propietario durante 1999, me explicó que él, su sobrino y su mecánico y participaron en el «I Rally Barcelona-Moscú» organizado por el «Antic Car Club de Catalunya». La prueba consistía en recorrer toda Europa por carretera hasta Moscú con una caravana de veinte vehículos fabricados hasta mediados de los años treinta. El reto que suponía desplazarse desde Barcelona hasta Moscú era irresistible, de modo que su dueño se inscribió con uno de sus automóviles preferidos: el Rolls Royce Phantom II que estaba acabando de restaurar.

El Rally supuso una oportunidad única para poner a prueba la mecánica del Phantom II y su comportamiento general. Respecto a la primera, el coche demostró su magnífico nivel técnico y aguantó cerca de 6.000 kms. sin el menor problema. En cuanto a su comportamiento, la conducción fue fácil; como me aseguró su dueño posteriormente: «después de que uno se acostumbra al gran tamaño del coche no te das ni cuenta que lo estás conduciendo». Además, el potente motor le permitió viajar relajadamente a 100 km/h, así como alcanzar, cuando fue necesario, los 140 km/h. La estabilidad era muy buena, y los frenos extraordinarios. Este largo viaje también le permitió determinar qué detalles relativos a la restauración de la carrocería quedaban pendientes. La calidad del coche y lo acertado de los trabajos realizados hasta el momento se pusieron de manifiesto cuando éste se clasificó en primer lugar.

La calidad técnica de los restantes participantes, con marcas tan variadas como Hispano-Suiza, Renault, Essex, Jaguar, Graham Paige, Nash, Packard, Chevrolet y Lincoln, hizo posible que prácticamente todos los vehículos completaran con éxito el Rally. De este modo resultaron infundados los temores de los organizadores relativos al comportamiento de las mecánicas de los vehículos participantes en una prueba de esta envergadura.

El recorrido del Rally atravesando Europa fue muy placentero, intercalándose entre las etapas rodadas por carretera una en ferrocarril: para ello la organización del Rally fletó dos trenes, uno para los participantes y otro, muy espectacular, para llevar los coches. Ya en terreno de la antigua URSS se pusieron a prueba tanto la preparación de los pilotos como la de las mecánicas: las mayores dificultades fueron las escasas carreteras asfaltadas y las numerosas vías de tierra, los problemas de abastecimiento de agua en ciertas zonas así como la dificultad de comprender las señales de tráfico (redactadas en caracteres cirílicos). La buena organización y la acertada redacción de los libros de ruta ayudaron a superar estas dificultades. El estupendo ambiente de camaradería, la emoción que acompañaba a cada etapa, abierta a cada participante, y los maravillosos paisajes hicieron de este Rally una experiencia inolvidable.

Después de participar en el Rally, se realizaron los últimos retoques en la carrocería dejando así el coche preparado para realizar cualquier viaje durante el invierno de 1994. De hecho, poco tiempo después participó en importantes rallys para clásicos, como la valenciana «Ronda Fallera» de 1986 o en la edición de 1994 del “Rally Protagonistas” –organizado por Luis del Olmo. También fue expuesto en las ediciones de 1991 y 1992 de la feria Motor Época celebrada en Feria Valencia. Durante los años siguientes fue usado con regularidad, pasando su última ITV -favorable- en 2017.

Agradecemos a Alejandro Piñero la información relativa a los primeros Rolls-Royce matriculados en Palma de Mallorca.

Este reportaje, fue publicado originariamente en el Boletín de Noticias del Rolls-Royce Enthusiasts´ Club, Sección Española número 5, septiembre/octubre de 1999.

Fuente: Juan Inigo Ros

Fotografías: Archivo Clásicos al Volante, Ramón Guillem y Vicente Roig

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